Hoja de ruta en 2016:
Marcada volatilidad e incertidumbre

Hoja de ruta en 2016

En los últimos meses no hemos tenido buenas noticias para los inversores, especialmente para aquellos que han confiado en la renta variable. El comienzo de año tampoco ha sido prometedor en este sentido. ¿Realmente estamos en peor situación ahora que hace seis meses o bien tan solo ha sido un ajuste del exceso de sobrevaloración en los mercados? Opiniones hay para todos los gustos pero vamos a desarrollar algunos temas y son libres de sacar sus propias conclusiones. Como punto de partida creo que ambas contestaciones deberían de tener un sí categórico.

El FMI acaba de publicar sus estimaciones de crecimiento a futuro, y en pocas ocasiones proyecta una desaceleración y menos una recesión. Este año tampoco podía ser una excepción. Las cifras comunicadas señalan que la economía global creció un 3.1% en 2015 y estima una aceleración hasta el 3.4% en 2016 y 3.6% en 2017. Yo prefiero quedarme con los datos “oficiales” que tenemos de China, país que acaba de publicar el crecimiento del cuarto trimestre del año 2015, con un crecimiento del 6.8%, el peor dato desde 1990. En cómputo anual se queda en el 6.9%. Algunas de las variables de su economía más industrial muestran métricas importantes: el consumo de electricidad junto con la demanda interna de hierro ha caído en términos anuales por primera vez en los últimos veinticinco años. Para este año 2016, la previsión de crecimiento es del 6.5%. Está claro que su economía está en un proceso de transformación, potenciando más el sector servicios frente al industrial. Quizás el problema es que dentro del sector servicios, el cual sí está creciendo a tasas superiores al 8%, tenemos un fuerte desarrollo de la economía financiera, como se demuestra con las cifras de crecimiento del crédito a todas luces excesivas como consecuencia del menor crecimiento económico finalmente realizado. Deberíamos de unir este hecho con el incremento de la deuda del sector privado, que junto con la deuda pública ha pasado de suponer un 157% en 2007 a más del 300% a cierre del año 2015. Es una obviedad decirlo pero la desaceleración de esta potencia mundial está arrastrando la cifra de crecimiento global a la baja. El exceso de capacidad creado en varios sectores desde los años 2009-2010, avalados con inversión pública, está provocando un deflación en occidente importante (ver el colapso de las principales materias primas). Así mismo, la apreciación del dólar frente al conjunto de divisas emergentes dificulta la refinanciación de la deuda emitida en divisa no local, es decir, en dólares, lo que único a un volumen de deuda que ha sufrido un crecimiento exponencial compromete la viabilidad de la misma, especialmente en el sector privado. ¿Qué hay detrás de ésta evolución de la divisa americana? Principalmente la fortaleza de su economía (tasa de desempleo inferior al 5%, recuperación de la balanza por cuenta corriente en los últimos años y un cambio en la política monetaria de laxa a… neutral, lo que significa el inicio de un periodo de subidas de tipos de interés muy moderado, en función del nivel de inflación).

En Europa, de momento, “no ha llegado la sangre al rio” y los datos económicos muestran una recuperación suave en todas sus variables (consumo, inversión y gasto público). Cada una de estas palancas está sustentada en factores quizás no sostenibles en el medio plazo pero que confiamos tengan vigencia en los próximos meses. ¿Qué nos gustaría ver? Una recuperación de la inversión empresarial no solo avalada por unos costes financieros deprimidos, sino por una mayor confianza en oportunidades de crecimiento. Un consumo que repuntara no solo como consecuencia de la mayor renta disponible por el colapso del precio del petróleo sino también por la entrada en el mercado laboral de un volumen importante de personas, reduciéndose las tasas de desempleo de forma acusada. Un gasto público más productivo, desligado de ciclos electorales y que se sustentara en necesidades propias de cada país amparadas por unos tipos bajos de financiación por parte del BCE. Quizás es mucho pedir pero el crecimiento será en este caso más saludable y duradero. En cuanto al crecimiento de beneficios en el sector empresarial, principal factor que hay que vigilar a la hora de tomar decisiones de inversión, hay que ponderar varias variables: el impulso otorgado por parte del BCE (costes financieros y euro depreciado), los efectos positivos de la caída de los insumos energéticos, el aumento reciente de los déficits públicos en base a un mayor gasto público (repetidos periodos electorales) y las bajas bases comparativas de crecimiento son suficientes de momento para mantener la esperanza de recuperación.


Por otro lado tenemos la inestabilidad geopolítica en sus distintos frentes, y no me estoy refiriendo al populismo en los diferentes países de Europa ni a la complejidad de los acuerdos tomados en Grecia. Tener un precio del petróleo por debajo de 30$ ha situado en “modo supervivencia” a muchos países productores de petróleo, y al borde de la quiebra a aquellas empresas extractoras endeudadas con un coste mínimo de 50-60 dólares para ser rentables.

Con este entorno tan complejo es difícil tener convicción en cuanto a un nivel elevado de riesgo en la cartera de inversiones. Ese punto de partida considero que es correcto. Ahora bien, la clave al final más allá del ruido de corto plazo, estuvo, está y estará en la evolución de los beneficios empresariales. Si las empresas ganan más dinero, las bolsas acabarán reflejándolo con precios al alza. Sin embargo, si como consecuencia de las incertidumbres que existen a nivel mundial sufre el sector empresarial, los inversores se plantearán si tiene sentido pagar un múltiplo por esos beneficios que como mínimo está en la media histórica. La recomendación sería rebajar las expectativas de rentabilidad y ajustar bien el perfil de riesgo al escenario tan volátil al que se enfrentan las economías e inversores en los próximos meses.

Javier Rillo Sebastian
Gestor de Ibercaja Alpha.
Análisis y Estrategia


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